viernes, 2 de mayo de 2008

Cien años de soledad. En definitiva sí es amor eterno

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Como lo prometido es deuda y las deudas son promesas y las promesas no son cumplidas al igual que las deudas no son pagadas...¿qué iba a decir? ¡Ah, sí! Ya me leí Cien años de soledad por segunda vez, lo terminé el lunes antes de acostarme.



A las pocas personas que les dije que me estaba leyendo este maravilloso libro, la mayoría...no, en realidad todas menos una, me dijeron que era una mierda y ni siquiera se lo habían leído (excepto la única persona que me dijo que lo leyó y que le gustó). Pues este post se lo dedico a toda esa gente que dice que este libro es malo y que de paso, nunca lo ha leído. Vuelvo y repito, esta fue mi segunda lectura de esta obra maestra y no dudo que haya una tercera en un par de años o menos.

¿Por dónde comenzar? Pues como yo creo que la perfección no puede ser descrita, simplemente trataré de mostrar o de explicar a este libro desde mi muy humilde punto de vista.

Pienso que una de las cosas más importantes en un libro es que te atrape desde el primer momento, desde la primera hoja. Sin duda, este libro es así. El solo hecho de leer que el coronel Aureliano Buendía va a ser fusilado y que de pronto se ponga a recordar cuando su padre, José Arcadio, lo llevó a conocer el hielo, ya hace al lector preguntarse algo muy sencillo y obvio: ¿por qué van a matar a este hombre?
Por supuesto que a lo largo del libro nos enteramos de eso, pero es que desde que uno pasa la primera página, ya se está completamente dentro de la historia, ya todos los personajes te resultan sumamente importantes. La descripción de cómo se fundó Macondo, de todos los inventos que llevaban los gitanos, la evolución del pueblo, son aspectos completamente geniales.
Lo increíble es que uno siente que pertenece, que forma parte de la obra, de la vida de la familia Buendía, de cada una de las casas, del castaño donde amarran a José Arcadio Buendía, del vendaje que se pone Amaranta en su mano, del delirio de Rebeca, de los animalitos dulces que vendía Úrsula, de la bacinilla de Fernanda (esto último es broma, muy mala, ya sé), de absolutamente todo. Y es que de paso, uno siente que es cada personaje porque llegas a comprenderlos a todos, a identificarte con todos, a alegrarte y a lamentarte por lo que les ocurre y a aceptar el destino de cada uno.

No puedo dejar de lado el realismo mágico, el solo hecho de que todas esas cosas fantásticas, como los fantasmas, el regreso de Melquíades, parezcan tan normales. Si no me falla la memoria, eso es precisamente el realismo mágico (acepto correcciones). Y es que me parece genial cuando Melquíades regresa a Macondo, esta vez para quedarse, y le dice a José Arcadio algo así como que decidió regresar de la muerte porque no le gustaba y/o porque lo aburría.

Desde el comienzo uno se da cuenta de la magnífica manera de narrar que está presente en Cien años de soledad. Es una narración que no deja por fuera a nadie ni a nada, te lleva de un personaje a otro de una manera tan sutil, tan sencilla, que uno siente que navega por las diferentes historias. Pasas un momento por la vida del coronel Aureliano Buendía cuando era niño y va a ver el hielo, y de pronto te encuentras leyendo sobre las aventuras de José Arcadio (hijo) con Pilar Ternera.
José Arcadio y Pilar Ternera, luego Aureliano y Pilar...esta parte es deliciosa, uno siente la complicidad entre los hermanos (Aureliano y José Arcadio) y el deseo loco de Aureliano por vivir lo que vivía su hermano. Luego la obsesión de Aureliano por Remedios, sé que para algunos esto puede sonar extraño y asqueroso (Remedios era una niña), pero es la mejor parte en lo que a tensión se refiere, ya que por un lado uno quiere que ocurra y por el otro parece raro. Después cuando se casan, la sorpresa va disminuyendo.
Más tarde, tenemos el regreso de José Arcadio (hermano del coronel Aureliano Buendía, hijo de Úrsula y José Arcadio) convertido en una enorme masa de músculos tatuados, y su posterior aventura con Rebeca. Esta parte es una de las más eróticas y a su vez graciosas, debido a la manera en que Rebeca manda a volar al tontorrón de Pietro Crespi. Fue muy divertido imaginarme en lugar de Rebeca.
De romances locos y apasionados, también tenemos al de Meme y Mauricio Babilonia. Hay una frase que le dice Mauricio a Meme, que nunca la pude olvidar desde que me leí el libro la primera vez, él le dice algo así: "No es la primera vez que una mujer se vuelve loca por un hombre" No sé por qué, pero me encanta esa frase, creo que es principalmente la manera de imaginarme la situación y el tono con que el muchacho le habla.
Por último, tenemos a Aureliano Babilonia y Amaranta Úrsula. De todos los romances desesperados y alocados, este es uno de mis favoritos... no hay palabras para describirlo, hay que leerse el libro para poder comprenderlo, para poder sentirlo.

Otra cosa que forma parte de esta obra tan maravillosa es la manera en que todo se va acabando, como va desapareciendo la gloria de Macondo, como la mansión de los Buendía se va deshaciendo, como van desapareciendo todos hasta dejarnos esa profunda sensación de soledad, de abandono. Esto lo sentí más al momento en que José Arcadio (el que Úrsula quería que fuera Papa) es asesinado y Aureliano Babilonia queda completamente sólo...hasta la llegada de Amaranta Úrsula y su esposo, Gastón. Esto también se siente con la partida del sabio Catalán y la llegada de sus cartas añorantes.

¡Ay! es que uno puede leerse este libro en un solo día porque la emoción te arrastra y te devora.
El final, ¿quién diría que Úrsula tenía razón? ¿quién se hubiera imaginado la gran importancia que tenían los pergaminos de Melquíades? ¿quién se hubiera imaginado el destino de Macondo?
Y es que yo siempre digo que este tipo de finales son los que valen, porque no quedan dudas de lo ocurrido, sabes que pasó así y ya. Sabes que no va a haber una segunda parte (malísima y absurda) en la que Aureliano Babilonia se sostuvo de un árbol a esperar que pasara el viento y luego corrió al rescate de su hijo con cola de cerdo. Sabes claramente que es el fin y que no hay más camino.

Para todos aquellos a los que les dediqué este post, por favor no confundan el culo con las témporas (los que sí se hayan leído este increíble y maravilloso libro, me entenderán)

SE ACABÓ.

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